Estrés crónico: qué es y cómo combatirlo

Carolina Saracho Duran

Por Nelly Nájera 🍒, nutrióloga clínica, deportiva y coach oncológico

Un poquito de historia… El término estrés fue acuñado por Hans Selye en 1936 quien, con base en resultados obtenidos en sus trabajos de laboratorio, observó un “síndrome de adaptación general” en los animales de experimentación como respuesta ante una situación de amenaza.

Los ajustes fisiológicos, psicológicos y de conducta de un individuo detonados ante condiciones de adversidad leve o excesiva representan la respuesta a lo que denominamos estrés, esto es, la condición determinada por las experiencias adversas o factores que trastocan la estabilidad emocional y/o física del individuo. La respuesta que nuestro organismo experimenta ante una condición reconocida como estresante puede describirse en tres etapas:

1- Fase de alarma o alerta, donde la activación del eje hipotálamo-hipófisis adrenal (HHA) enviará una señal a la glándula suprarrenal para secretar adrenalina, la cual da lugar a la movilización de energía desde los almacenes hepático y adiposo, al incremento del gasto cardiaco, de la frecuencia ventilatoria, al aumento de la presión arterial y de la glucosa en sangre, así como a una mayor irrigación sanguínea del músculo esquelético y del cerebro. Todo lo anterior sustenta la reacción de lucha-huida del organismo. Al mismo tiempo, deberán inhibirse aquellas funciones relacionadas con el consumo de alimento y la digestión, con el descanso o conciliación del sueño, entre otras. Lo anterior representa una respuesta típica ante una condición de amenaza inmediata, misma que es favorable puesto que nos permitiría superar situaciones adversas a través de la orquestación de diferentes procesos fisiológicos, por lo que si el individuo logra la adaptación al estrés agudo se restablecería el equilibrio en las funciones orgánicas. Por otro lado, si el estrés se prolonga, se cumpliría una segunda etapa.

2- Fase de resistencia o de defensa, en la que el individuo soporta el estrés físico y/o mental, sin embargo, esto podría derivar en la disminución de la producción de adrenalina y se comienza a secretar cortisol. De suceder lo anterior, el funcionamiento del sistema neuroendocrino será entonces insuficiente, situándonos en una tercera etapa.

3- Fase de agotamiento, en la que la exposición al estresor se ha prolongado o incluso aumentado su intensidad, por lo que el estrés crónico favorecería la aparición de desajustes en las respuestas neurohumorales, en la homeostasis energética y en la conducta de alimentación. Pueden afectar al sistema gastrointestinal, provocando aceleración o ralentización en los movimientos del tracto gastrointestinal y su contenido, haciendo más notorios los procesos de inflamación y dolor (Crohn, Colitis Ulcerosa, Síndrome de Intestino Irritable, Enfermedad por reflujo gastroesofágico).

¿Sabías que el estrés crónico es pesquisable?

A continuación te presento los seis pilares de intervención:

  1. Ejercicio, como control de impulso
  2. Alimentación adecuada y personalizada
  3. Higiene en el sueño, evitar dispositivos electrónicos antes de dormir
  4. Atención Plena (Mindfulness) ayudará a disminuir los niveles de cortisol
  5. Salud Mental, autocuidado y resiliencia
  6. Conexión con la naturaleza, un baño de bosque disminuirá la hipertensión arterial

Nelly Nájera 🍒, nutrióloga clínica, deportiva y coach oncológico. Experiencia en Educación Médica. Acompañamiento Nutricional en Pacientes con riesgo nutricional (Oncológicos). Enfoque de Diversidad Corporal, Peso Inclusivo y Anti-Estigma de Peso.

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