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Relaciones abiertas, corazones libres: Mi vida sin etiquetas

Carolina Saracho Duran

El pasado 23 de septiembre se celebró el Día de la Visibilidad Bisexual, una fecha que nos invita a reconocer esta orientación sexual y a enfrentar la bifobia que aún persiste. Según estadísticas recientes, la comunidad LGBTIQA+* representa una parte significativa de la población económicamente activa. Sin embargo, muchas personas bisexuales seguimos enfrentando invisibilización, prejuicios y la idea errónea de que nuestra orientación es una etapa o una confusión.

Ser bisexual no es estar confundida. Es una orientación sexual válida, rica en matices, que implica la capacidad de sentir atracción física, emocional, erótica o romántica hacia personas de más de un género. En un mundo que insiste en encasillar el deseo, hablar de bisexualidad es afirmar el derecho a vivir el amor con libertad, autenticidad y dignidad.

Desde CO-Madre, a través del proyecto Mujeres Diversas, reconocemos la importancia de nombrar las identidades, orientaciones sexuales y modelos relacionales de todas las personas desde el respeto. CO-Madre se ha esforzado por crear espacios seguros para trabajar y brindar capacitación constante para construir una cultura de diversidad.

Y ahora, te comparto parte de mi vivencia como mujer diversa…

Nunca me había gustado una mujer… hasta que conocí a María. Yo tenía 39 años y estaba en una relación estable con Luis desde hacía tres años, sin dramas. Pero bastó una sonrisa de ella para que mi brújula emocional dijera: “¡Ups, me encantó!”. Bailamos, conversamos, y cuando me dijo “me gustas”, respondí con la clásica: “soy heterosexual, pero podemos ser amigas”. Spoiler: la heteroexcusa no duró mucho.

Me mudé de ciudad, terminé con Luis, y con María floreció a distancia algo más que la amistad. Estuvimos juntas cuatro años, dos de ellos compartiendo casa. Recuerdo estar en terapia diciendo: “Tengo 40 años                                                                                                                                                                                                                                            cura?”. Mi terapeuta respondió con ternura: “No, no se cura. Se valida y se abraza”.

Después vinieron más mudanzas, más cambios, más cuestionamientos. Me preguntaba constantemente: “¿Es posible que me gusten los hombres y las mujeres? ¿Estoy confundida?”. No entendía que los prejuicios, los estereotipos, los mandatos sociales y lo que se esperaba de mí por ser mujer eran el problema. No yo. La psicoterapia con enfoque en diversidad sexual me liberó de la culpa y me restauró la autoestima. Hoy lo digo sin vergüenza: soy bisexual.

Sí, he vivido bifobia, incluso más de mujeres lesbianas que de heterosexuales. También he sido la fantasía de tríos para algunos hombres. Pero también he recibido respeto, amor y libertad.

Actualmente, vivo plenamente en una relación abierta con Héctor, Jax y Alexis. Sin etiquetas, sin jerarquías relacionales que me aprieten. Me siento ligera, libre y sin necesidad de esconderme. Porque la bisexualidad no es indecisión, es diversidad.

Y yo, soy Orgullo Bi. 💜

Noemi Ornelas

Con mirada compasiva y sin etiquetas

Terapeuta humanista con perspectiva de género con especialidad en diversidad sexual, tanatología y logoterapia.

  1. 55 6915 7454

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